Hola a todos y bienvenidos a mi Blog. Aqui reuno las historias que me da por escribir, son historias relacionadas con el Lineage 2 y mi servidor Eria. Espero que disfruteis leiendolas como yo lo he hecho escribiendolas.

Informacion:

Bueno he puesot un nuevo formato de blog que hace mas llevadera la lectura, ya que extiende mas el texto.

Las historias estan puestas por fecha, asique en algunas que tienen continuacion esta primero la ultima de ellas, seleccionarlas desde le menu, ais no os leereis antes el final que el comienzo.
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sábado, diciembre 23, 2006

El Reino de los Olvidados ( Capitulo 8: Persecución entre las sombras. )

(La hisoria comienza aqui--> El Reino de los Olvidados. Capitulo 1: El Encuentro)


Entraron en el túnel, uno tras otro, con Drizzit en cabeza. Estaba casi completamente oscuro, apenas podían ver a más de un par de metros delante de ellos con la visión normal. Los tres elfos oscuros adaptaron sus ojos a la oscuridad, usando su visión infrarroja, algo normal en su raza, ya que habitan en las profundidades de las montañas, donde no llega ni el mas pequeño rayo de luz.


Los tres orcos también poseían esta peculiar visión, pero no la tenían tan desarrollada como los drow. Anduvieron durante largo rato por el cada vez mas estrecho túnel a una marcha no muy rápida, no querían hacer ruido y eso con los tres orcos no era tarea sencilla, de haber estado solos los tres drow, no habría supuesto ningún problema, seguramente ya habrían alcanzado las voces que escucharon en la bifurcación. De repente se escucho un golpe seco en el suelo, golpe que creó un eco en el túnel que seguramente ya habría advertido a los que iban delante de ellos. Todos se giraron para ver de donde provenía ese ruido. Se giraron todos y advirtieron con estaba Waso tendido en el suelo, aparentemente inconsciente, se acercó Mandragora e inspeccionó al orco, se podían apreciar pequeñas heridas en su piel verde, en todos los lugares donde habían estado clavados los dardos de hielo. Por lo visto no eran simples proyectiles, iban dotados de algún hechizo.


-Por el aspecto de las heridas parece algún tipo de parálisis.- Dedujo Mandragora después de investigar las heridas.- Su dura constitución mezclado con la adrenalina liberada en la batalla deben de haber neutralizado el efecto del hechizo, pero al relajarse debe de haberle hecho efecto ahora.-


-Debemos esperar a que se recupere, no debe de ser tan poderoso si ha resistido las primeras envestidas del hechizo.- Dijo Urzak incorporando a su camarada apoyándole la espalda contra la pared lateral del túnel.- Pero no podemos perder el rastro que seguíamos, debería ir alguien a investigar.


-Dejad que vaya yo.- Se ofreció Drizzit.- Si para cuando Waso haya vuelto en si todavía no he regresado, continuad el camino, en caso de varias opciones en el camino, ellas sabrán que camino he tomado.- Concluyó mirando a las dos hermanas. Tal como pronunciaba las ultimas palabras, despareció sigiloso como la noche entre la oscuridad del túnel.



Se movía a toda prisa, pero sin hacer el mas mínimo ruido. Drizzit era un experto en la persecución y el espionaje, era uno de los mejores rastreadores que existían en estas tierras. Había recorrido ya el doble del trayecto que lo separaba de sus compañeros, cuando escuchó un ruido que provenía de mas adelante. Se detuvo para poder escuchar con precisión, agachado y apoyado contra la pared para ser lo menos visible, prestó atención de nuevo para tratar de averiguar que era lo que había escuchado. A los pocos segundos, pudo apreciar de nuevo el sonido, eran dos voces, nuevamente, esta vez hablando en un idioma desconocido para el elfo, a pesar de ser buen conocedor de la mayoría de las lenguas que se hablaban en estas tierras, no entendía ni una sola palabra. Decidió acercarse un poco mas para tratar por lo menos de ver a los desconocidos. Sigilosamente se deslizó pegado a la pared, tenia que cuidar hasta el mas mínimo detalle, si no apreciaba el brillo de ninguna luz quería decir que ellos también podían ver en la oscuridad, así que tendría que tratar de no hacer ningún ruido y usar cualquier escondite que le proporcionara el terreno.


Poco mas adelante de donde se encontraba el camino torcía a la derecha y las voces se hacían cada vez mas audibles. Decidió cambiar su posición y pegarse a la pared opuesta a la que estaba, ya que si permanecía donde estaba, en cuando se acercase a la curva, seria fácilmente visible. Con un grácil salto girando en el aire para poder aterrizar con la espalda justo pegada a la pared sin hacer el mas mínimo sonido, se posicionó en la pared opuesta y continuó su avance, cada vez mas lentamente, tenía a sus objetivos a la vuelta de la esquina. Poco a poco se acerco a la curvatura del camino, totalmente adherido a la pared, apenas podía apreciarse su presencia aunque pasaras a unos centímetros de el, se acerco los últimos metros a la posición deseada y miro a la vuelta de la curva, viendo por fin a sus objetivos.

miércoles, diciembre 20, 2006

El Reino de los Olvidados ( Capitulo 7: Voces. )

Divisando la masacre agazapado en uno de los salientes no se perdía detalle. -Impresionante poderío físico.- Dijo para si mismo. Sin mas dilación desapareció entre las sombras de nuevo.


El lanzamiento de proyectiles iba disminuyendo conforme se daban cuenta que era imposible herir a semejante mole. El hechicero comenzó a formular un nuevo hechizo, fijando su atención en el orco que se les acercaba, no estaba seguro de si le daría tiempo a finalizarlo antes de que llegara su enemigo, pero era lo único que podría detenerlo. Conforme iba formulando las palabras del hechizo, la estancia se tornaba mas oscura, como si el hechizo absorbiera la luz. El grupo de Hombres de Hielo que se encontraba junto al hechicero empezaba a ponerse nerviosos, alguno de ellos incluso se giro y salió corriendo, no confiaban en que su hechicero concluyera el hechizo antes de que llegara la horrible bestia. Cada vez se oscurecía mas la estancia, la oscuridad reinaba casi al completo, pero eso no impidió que Waso tuviera fijado su objetivo, en un alarde de furia esprintó hacia el hechicero, colocándose la lanza en la espalda y agarrando su hacha del cinturón. El hacha brillaba de una forma extraña, una luz que no era absorbida por el hechizo que se estaba formulando. El hechicero tenia los ojos cerrados, concentrado lo máximo que podía, cunado de repente escuchó un grito de terror de uno de sus soldados, abrió los ojos, justo a tiempo para ver como el hacha del tremendo orco bajaba sobre su cabeza. Un chasquido resonó por toda la sala, al mismo instante que la luz volvía a llenar la estancia, dejando entrever como el hacha del orco había partido por la mitad al hechicero.

Los Hombres de Hielo que no habían huido, no dudaron esta vez , salieron despavoridos por miedo a que el orco se fijara en ellos. Mas abajo, en el grupo principal, los ánimos de los Hombres de Hielo, habían menguado en gran medida, a pesar de la oscuridad de hace unos instantes, la ofensiva de los dos orcos no cesó y las bajas en las filas de los seres gélidos siguió aumentando. Ahora eran ellos los rodeados, Waso por la retaguardia, Murak y Urzak por la vanguardia, no tenían ninguna opción, y menos quedando solo quince de ellos en pie. Salieron corriendo por donde no estaban los orcos, desaparecieron entre las sombras.



-Tendías que haber presenciado el combate, te aseguro que son ellos, nadie es capaz de hacer algo similar, excepto El.- Comentó con su compañero mientras andaban por los túneles oscuros.

-Esperemos que tengas razón, si no, estamos perdidos.-



Waso regresó con sus compañeros, todavía le quedaba algún dardo clavado cuando llegó, iba quitándose los mientras caminaba, los miraba fijamente y los arrojaba al suelo con desprecio.

-Hora de irse.-Dijo Urzak levantándose.

-Esperemos no tener mas contratiempos como este, nos retrasan demasiado.- Comentó Bekita mientras envainaba sus espadas. El resto del grupo hizo una gesto de aprobación mientras se ponían en marcha.

Atravesaron el resto de la caverna sin contratiempos. Llegaron a una nuevo túnel, era la única salida por la cual podían salir, estaban seguros de que había infinidad de puertas, pero ellos eran incapaces de verlas, y aun así, serian incapaces de atravesarlas, solo los Hombres de Hielo podían cruzar sus puertas mágicas.

El túnel era similar al que usaron para acceder a la caverna, ancha al principio y que a medida que avanzabas se iba estrechando. La única diferencia era que de vez en cuando se cruzaban con alguna obertura lateral, que daba pié a otro pasadizo, pero no era momento de ponerse a investigar hacia donde se dirigían esos pasadizos, tenían que llegar lo antes posible a su destino.

Tras caminar media hora sin ver ninguno de los peculiares pasadizos, se toparon de frente con una bifurcación, Waso miró el mapa, el cual extendió sobre el suelo para que el resto del grupo pudiera verlo también.

-¿Alguna sugerencia?- Dijo Waso en cuanto todos hubieron mirado el mapa.

El mapa indicaba claramente donde se encontraban y hacia donde tenían que ir, pero no el recorrido que deberían de tomar. La marca roja, indicando el final de su travesía, se encontraba justo en linea recta a donde se encontraban ellos, cosa que no ayudaba en absoluto a decidir que ruta tomar. Mientras discutían que entrada tomar, Drizzit se levantó y les hizo callar. Salió despedido hacia una roca que se encontraba un poco mas adentro de la entrada de la derecha, se acurruco tras el y asomo lo mínimo posible la cabeza para poder divisar lo que oía. El resto del grupo se quedo a la expectativa, conocían bien el fino oído del elfo. A los pocos minutos, Drizzit regresó junto a ellos.

-¿Qué has visto?- Preguntó Mandragora en una voz no muy audible.

-No he visto nada, el túnel tuerce a la derecha a unos cuantos metros, pero he escuchado dos voces, hablando en lengua común. Parecían estar discutiendo. Alcancé a oír que hablaban de El...- Contestó Drizzit.

-¿Qué decían exactamente, Drizzit?- Preguntó Urzak en un tono seco. Mientras se acercaba un poco a la entrada del túnel para intentar escuchar algo.

-Algo de llegar hasta El con SU ayuda. Luego su voz se perdió en la lejanía del túnel.- Contestó el elfo.

-¿Estás seguro de lo que dices, elfo?, ¿Legaron a pronunciar su nombre?- Dijo Waso.

-Estoy completamente seguro de ello. Deberíamos seguirles y sacarles información.- Propuso Drizzit.

-No tenemos más remedio. - Dijo Bekita.

-En marcha entonces. Vigilad de hacer el mínimo ruido posible, no podemos perder esta oportunidad. -Concluyó Drizzit.

En cuanto Waso guardó el mapa se pusieron en marcha, aquel fragmento de conversación que había escuchado Drizzit, les había llenado de curiosidad y ansias de saber quien osaba hablar de El usando su nombre real.



Capitulo 8: Persecución entre las sombras.

sábado, noviembre 25, 2006

El Reino de los Olvidados ( Capitulo 6: La Bestia Verde. )

La lluvia de flechas y hechizos seguía machacando a los Hombres de Hielo, caían uno tras otro, pero no daría tiempo a matarlos a todos, ya estaban encima. Waso irguió la lanza y con todas sus fueras hizo un tremendo barrido que dio de pleno a cuatro adversarios dejándolos fuera de combate. Las bajas eran reemplazadas por nuevos efectivos tan pronto como caían, y venían con mas furia que los derrotados, no estaban dispuestos a permitir una intrusión así en sus tierras, en su hogar.

Mientras tanto Bekita comenzó su baile mortal, con las espadas firmemente agarradas por las empuñaduras, parecía un torbellino mortal. Los adversarios no sabían donde pegar, no veían mas que una figura negra girando y cortando, haciendo fintas prácticamente imposibles que acababan siempre de la misma forma, un enemigo destrozado en el suelo. Tres Hombres de Hielo se abalanzaron sobre ella con sendos brazos convertidos en mortíferas espadas, lanzaban estocadas y barridos para tratar de encontrar un hueco por donde herir a la drow, pero hacia falta mas que eso para alcanzarla, años de entrenamiento servían no solo para atacar, si no también para formar una de las mejores defensas en el combate cuerpo a cuerpo. Uno de los atacantes lanzó una estocada a media altura, mientras, en perfecta combinación, otro hizo un movimiento desde el lateral con ademan de cortar a la altura del cuello, una de las espadas se interpuso rápidamente en la trayectoria que pretendía segarle la cabeza, mientras con un movimiento ágil esquivo sin problemas la estocada, colocándose justo detrás de uno de los adversarios para con la espada libre partirlo en dos.

Ante semejante velocidad de movimientos, no podían hacer nada, trataron de hacer un segundo ataque combinado entre los dos que quedaban en pie, pero el resultado fue incluso peor que el anterior, esta vez, anticipándose a los movimientos de sus enemigos, Bekita se agacho y con un simple movimiento segó los brazos del primero de sus atacantes, rodó por el suelo y con el impulso al levantarse empujó al segundo contrincante al suelo para luego saltar encima de el ensartando ambas espadas en la cabeza del abatido enemigo.

Al mismo tiempo, en la zona opuesta del circulo, Urzak blandía su enorme espada de un lado a otro hacia movimientos que mantenían a raya a los Hombres de Hielo, cortando a todo aquel que osara acercarse le. De repente se abalanzaron cuatro engendros gélidos sobre el orco, pillando de improvisto a este, habían casi surgido de la nada, atacando con un ansia brutal. Urzak recibió dos estocadas en sendos brazos, pero para sorpresa de los atacantes apenas se inmuto, su piel era dura como la misma roca, hacia falta mas que una simple estocada para atravesar la. Henchido de rabia por haberle superado las defensas, Urzak comenzó a mover la espada de izquierda a derecha y viceversa, todo lo que osaba acercarse corría riesgo de ser cortado o aplastado. No le hizo falta mucho mas, ya que los adversarios estaban prácticamente encima de el y cayeron en dos barridos.

Lleno de adrenalina, Urzak estaba ansioso de que se acercaran mas enemigos, cunado repentinamente notó un pinchazo en una de las piernas, miró hacia abajo para ver que lo había provocado y aprecio un dardo de hielo clavado en el muslo, no era como los que había esquivado en el túnel, estos dardos estaban hechizados, fortalecidos para poder romper la dura piel de los orcos. Levantó la vista para ver de donde había venido el disparo y a unos metros del grupo ofensivo de los Hombres de Hielo se encontraba un pequeño destacamento de lanzadores de dardos, con un hechicero encantando los proyectiles.

-¡¡Tenemos problemas!!- Gritó Urzak señalando como podía al grupo de lanzadores de dardos.-Drizzit, Mandragora intentad abatirlos, no creo que podamos llegar hasta ellos con todo esto aquí delante.- Ordenó el orco.

-Al hechicero -Propuso Drizzit.

Sin pensarlo dos veces, los dos drow centraron su ataque en el hechicero para evitar que encantara los proyectiles. Lanzaron una descarga de flechas y hechizos directamente sobre el hechicero, pero no pareció afectarle lo mas mínimo. Las flechas salieron despedidas hacia todas direcciones y los hechizos desaparecieron poco antes de impactar sobre el objetivo.

-Tienen una barrera mágica, hay que acercarse a ellos. - Dijo Mandragora.

-Limpiarme un poco el camino, y déjamelo a mi.- Contestó Waso mientras asía con fuerza la lanza.

El orco concentro sus fuerzas y soltó un grito estremecedor, y como ocurriera anteriormente con Murak, sus músculos se hincharon y agrandaron y una mueca de furia apareció en el rostro de Waso. Como poseído por el mismísimo Diablo, se abalanzo sobre el grupo que tenia delante, arrollando en primera instancia a los mas desprevenidos y ensartando con la lanza a los que les seguían. Duro poca esta acometida, en un instante se vio rodeado completamente por mas de diez adversarios dispuestos a no dejar nada del orco. Tal como se le echaron todos encima, comenzó a girar la lanza de un lado a otro, aremeteindo contra todos los enemigos. No había ni uno solo que en este primer instante no hubiera recibido un golpe de la bestia verde. Viendo que con estos diez no seria suficiente, otros cinco se sumaron al grupo, dejando con menos efectivos la ofensiva al resto del grupo de compañeros. Waso seguía girando y golpeando con la lanza, en uno de esos barridos destrozo el cuerpo de dos Hombres de Hielo, les alcanzo justo en el tórax. Los otros trece atacaron al unisono, golpeando al orco por todos lados, estaba en una situación peligrosa, no tenia mucho espacio para golpearlos a todos, los tenia prácticamente pegados, clavando le las espadas y haciéndole cortes por todo el cuerpo. Uno de los Hombres de Hielo, con el brazo transformado en una gran maza congelada, le dio un tremendo golpe en la cabeza, dejando al orco en un estado de shock.

Estos pocos segundos que estuvo sin conocimiento, recibió una tremenda cantidad de golpes y cortes que lo dejaron casi al limite de sus fuerzas, recobro el conocimiento medio tumbado en el suelo. -¡¡No me venceréis tan fácilmente!!- Gritó mientras se levantaba como podía. En ese instante, reunió todas las fuerzas que le quedaban y soltó un grito estremecedor, que hizo temblar hasta las estalactitas que colgaban en lo mas alto de la galería. Se podía apreciar como su cuerpo parecía mas grande, mas poderoso, cogió de nuevo su lanza y de un solo golpe tumbo a cuatro adversarios, y sin perder un segundo, se tiró de cabeza a por los ocho restantes, soltando un vendaval de golpes destrozando y rompiendo los ahora débiles cuerpos de los Hombres de Hielo.


Aterrorizados por semejante furia in contenida, el grupo de lanzadores de dardos centraron todo su poder ofensivo en la masa verde que se les venia encima. Unos segundos después, Waso tenia el cuerpo lleno de dardos clavados, pero parecía no hacerle efecto ninguno, seguía corriendo hacia ellos con el gesto torcido por la rabia, con la lanza en alto para que vieran cual iba a ser el objeto de su muerte.




Capitulo 7: Voces.

viernes, noviembre 24, 2006

El Reino de los Olvidados ( Capitulo 5: Viento y flechas. )

Murak se giro con cara de satisfacción mientras se colocaba la pesada maza sobre el hombro.

-Murak querer romper mas Hombes de Hielo.

-Tranquilo Murak, ya aparecerán más, por eso no te preocupes. Ahora vamos, tenemos mucho camino por recorrer. -Dijo Mandragora mientras recorría con la vista las zonas mas alejadas de la caverna.

Reanudaron la marcha encaminándose a una abertura que se apreciaba al final del todo. Su paso era ligero, no debían de perder ni un instante, no podían arriesgarse a perder mas tiempo en batallas que no eran necesarias.

-En la próxima refriega ataquemos todos, no podemos perder el tiempo solo por satisfacción de uno de nosotros. - Propuso Waso.

Parecía que sus palabras fueron escuchadas por los entes que abitaban El Paso de Greshall. En el instante en el que cubrieron la mitad del trayecto que les separaba de la salida de la caverna, escucharon unos cantos extraños, susurros parecidos a entonaciones mágicas. Mandragora concentro el poder en aumentar el umbral de su luz mágica para poder ver de donde procedían los cantos, y cual fe la sorpresa del grupo cuando vio a cuatro clérigos apostados en los niveles superiores, eran similares a los cinco con los que se habían enfrentado anteriormente, pero estos estaban recubiertos por un halo extraño que le otorgaba poder y protección mágica.

Al advertir a los nuevos contrincantes, fuera del alcance de los tres orcos, Mandragora comenzó a recitar sus propios conjuros. Se podía apreciar como comenzaba a concentrarse el viento, poco a poco, se formaba un pequeño huracán delante de la hechicera drow. Tal como iba subiendo el volumen de la voz de Mandragora, el huracán se hacia mas grande. Tanto Bekita como Drizzit se apartaron unos pasos de ella, ya notaban como eran atraídos por el poderoso hechizo, vieron como la drow estaba en un trance completo, con los ojos completamente blancos y recitando en una voz aterradora unas palabras que solo los hechiceros de mas alto nivel podían pronunciar y comprender.

Súbitamente se hizo el silencio alrededor del grupo de amigos, una calma, una quietud fuera de lo común, solo se oía el canto de Mandragora, hasta que dejo de pronunciar la ultima frase, en ese mismo instante gritó una ultima palabra y el tremendo huracán salio despedido hacia el grupo de clérigos, que atónitos cortaron en seco sus hechizos ofensivos para pretender defenderse como fuera de semejante ataque. El caos reino entre los clérigos que en el ultimo instante solo pudieron taparse con sus brazos, gesto inútil, antes de que el huracán se dividiera en cuatro esferas de viento que al impactar contra cada uno de los objetivos soltar un un tremendo chasquido, todo el poder de un huracán reducido en una esfera de menos de medio metro de diámetro surgió e hizo añicos cada uno de los adversarios.

Los seis compañeros se quedaron un tanto inquietos, no podía ser que los tan temibles Hombres de Hiel ofrecieran una resistencia tan pobre. Solo se habían enfrentado con nueve seres, algo completamente inusual porque las leyendas relatan emboscadas en las que participan grandes cantidades de de estos seres gélidos. Con precaución retomaron el camino, al dar un par de pasos solo, comenzaron a ver como salían Hombres de Hielo de todos lados, en cuestión de segundos estaba rodeados por al menos tres docenas de enemigos con ansias de desangrar a sus rivales invasores.

Entonando cánticos ancestrales, se aproximaban poco a poco cerrando el circulo en el centro del cual estaba el grupo de aventureros. Viendo la inevitable batalla, Bekita comenzó con sus danzas de nuevo, había que prepararse a fondo. Waso apretó con fuerza la lanza y concentro sus fuerzas, al igual que los otros dos orcos, en fortalecer su cuerpo. Drizzit extrajo tres flechas del carcaj y las coloco una encima de otra en el arco, no harían mucho, pero por lo menos distraería la atención de unos cuantos. Los tres orcos y Bekita se posicionaron formando un circulo alrededor de Mandragora y Drizzit, eran el muro de contención, el primer impacto.

En cuanto estuvieron a la distancia suficiente, Drizzit comenzó con su lluvia de flechas, y Mandragora lanzaba pequeños hechizos de viento, que herían a los objetivos, pero no cesaban su acometida. -Apuntemos al mismo, Drizzit, entre los dos podremos matarlos.- Dijo Mandragora señalando le su próximo objetivo. La combinación de huracanes y flechas, hacían mella en los enemigos, caían de uno en uno, lentos, pero caían.

Cada vez se acercaban mas deprisa, bajaba el numero de enemigos gracias a la coordinación del arquero y la hechicera, pero todavía habían muchos. Bekita comenzó a lanzar sus hechizos propios, habilidades oscuras, propias de drows, de poco poder, pero así ayudaba a su hermana y a Drizzit en la labor de mermar lo máximo posible las filas enemigas. Sus espadas comenzaron a brillar intensamente, tenían sed de batalla, notaba como el poder fluía por sus manos apoderándose de ella un ansia por lanzarse contra los contrincantes, pero debía de permanecer quieta, debían de mantener la formación.

Unos metros mas y estarían encima...



Capitulo 6: La Bestia Verde

martes, noviembre 14, 2006

El Reino de los Olvidados ( Capitulo 4: Fuerza bruta. )

A medida que el grupo iba avanzando el camino se estrechaba cada vez mas, lo que antes era un túnel inmenso ahora era un pequeño túnel que les obligaba a ir en fila india, cosa que no les hacia ninguna gracia, demasiado fácil para una emboscada. A parte del estrechamiento del túnel, también podían notar como poco a poco iban descendiendo y a su vez la temperatura hacia lo mismo, cada vez el frío era mas intenso, la oscuridad mas impenetrable y el camino mas estrecho. Decidieron aligerar la marcha para con suerte encontrar un recinto mas grande donde poder defenderse en caso de encontrarse con los Hombres de Hielo.

Urzak paro en seco, haciendo que Bekita se chocara con la espada que llevaba en la espalda. -¿Qué sucede?- Preguntó en un tono bajo. La única respuesta del orco fue un ligero sonido que salía de sus labios y una mano levantada en señal de que todo el mundo se quedara quieto. Lentamente agarro el mango de su espada con ambas manos, y se dispuso en posición de ataque. Aun que no fue eso precisamente lo que hizo, como si fuera una pluma, Urzak movió la tremenda espada colocándola justo delante de su rostro, quedando esta con la parte plana mirando hacia su cara. Un dardo de hielo se estrello contra la espada haciendo un ruido seco y rompiéndose en mil pedazos. Otro dardo pasó volando justo por encima de la cabeza del orco, acabando por chocarse contra la pared lateral. Comenzó a caminar hacia adelante con un paso cada vez mas ligero, no habían mas dardos, pero Urzak no quito la espada de delante por precaución.

Tal como iban avanzando, casi al trote, se podía apreciar que el túnel se ensanchaba de nuevo, hasta tal punto que de repente se encontraron en una tremenda gruta, la luz la inundo por completo, dejando visibles centenares de pasadizos y corredores por todos lados. En el mismo instante que entraron los seis en la caverna, aparecieron salidos de la nada, cinco seres transparentes como el hielo, con un aspecto semi humano. Sus extremidades se convirtieron en diferentes armas, y sin mas preámbulos se lanzaron sobre el grupo con un ansia mortal. Antes si quiera de que apareciesen los cinco seres, Bekita había comenzado sus danzas, atributos mágicos que nos otorgaban poder y agilidad en la lucha. Pasaron a disposicion defensiva, los tres orcos plantaron cara a las cinco criaturas que venían como una furia, detrás de el muro que habían montado los tres orcos, estaba Drizzit, lanzando una lluvia de flechas que habría destrozado un batallón entero de goblins, pero su efecto en estas criaturas heladas era mas bien escaso, debía concentrar su fuego en uno de los enemigos, debía concentrar el poder en una de sus flechas. Tensando lentamente y pronunciando una serie de palabras en su idioma natal, se podía apreciar como la flecha brillaba cada vez mas fuerte, conforme concluía el conjuro, el arco se tensaba mas y mas, y en el mismo instante que pronuncio en voz alta la ultima de las palabras, soltó la flecha. La flecha, envuelta en un halo de energía salio despedida, a una velocidad inusual en una flecha, dejando tras de si una estela blanquecina, iba dirigida al primero de los cinco atacantes. Este viendo venir la flecha, interpuso su brazo izquierdo en la trayectoria, para para el flechazo con el escudo en el que se le había convertido la extremidad, pero para su sorpresa, la flecha atravesó la defensa sin dificultad alguna finalizando su vuelo justo en su cabeza. Una pequeña explosión de energía deshizo en centenares de trozos al objetivo. Ahora quedaban cuatro. Sorprendidos por el tremendo ataque del arquero, alimentaron mas sus ansias por acabar con los intrusos, sabían que no podían dejar tirar otra de esas flechas al arquero. Uno de ellos se paró en seco, y salio corriendo hacia su izquierda, perdiéndose de repente en la nada.

Los tres adversarios que quedaban ya estaban a menos de tres metros de distancia cuando Murak soltó un grito estremecedor, se podía apreciar claramente como sus músculos se tensaban al máximo mientras apretaba con fuerza tremendo martillo. En una explosión de rabia y fuerza bruta, Murak salto hacia delante con su arma sujeta con ambas manos arrastrando la cabeza del martillo por el gélido suelo, dejando un surco tras de si, en cuanto llego a la altura del primero de los atacantes, con una velocidad impresionante levanto el martillo, girándolo para que la parte frontal de la maza diera de lleno en el objetivo. El Hombre de Hielo trato de hacerle frente, pero era imposible parar semejante ataque, el martillo le dio de lleno en el costado, partiendolo en dos como si fuera un bloque de hielo, aprovechando el balanceo del arma, se giro hacia el siguiente objetivo, que se quedo perplejo de la tremenda embestida que había sufrido su compañero. Consiguió esquivar el golpe, que dio en el suelo pasándole a pocos centímetros del pecho, el martillo se incrusto en el suelo por la potencia del movimiento, momento en el que el Hombre de Hielo pensó en atacar, ya que pensaba ver descuidada la defensa del orco, ya que el martillo de este se encontraba atrapado en el duro suelo.
Con su brazo derecho convertido en una espada de hielo, dio una estocada por el flanco izquierdo de Murak, quien al ver el ataque dio un salto hacia atrás, soltando la empuñadura de su arma. Un nuevo ataque del ser helado, esta vez con el brazo derecho convertido en una tremenda hacha, tenia como objetivo el cuello del orco, pero cual fue su sorpresa cuando este consiguió agacharse en el ultimo momento y plantarse de un salto justo delante de el. Sin pensarlo dos veces, Murak cogió con la mano abierta la cabeza de su rival, con otro grito estremecedor, lo levanto por los aires y lo lanzo contra una pared que había a unos diez metros, el impacto fue brutal, el Hombre de Hielo quedo totalmente fraccionado. Solo quedaba uno, que se había quedado parado observando la impresionante fiereza del orco y antes de que pudiera reaccionar ya tenia al orco corriendo hacia el con el martillo de nuevo en sus manos, esta vez levantado por encima de su cabeza, lo dejo caer justo encima del enemigo, haciendo que este estallara dejando el único rastro de una nube de polvo blanco.


Capitulo 5: Viento y Flechas

lunes, noviembre 13, 2006

El Reino de los Olvidados ( Capitulo 3, Camino al Paso de Greshall.)

Después de varias horas explicándole a Drizzit y Murak todo lo que le habían averiguado, comenzaron a trazar la mejor ruta para adentrarse en las montañas. No era nada sencillo, ya que estas tierras son duras, tanto por la climatología como por la diversa variedad de seres que habitan en ella. Había una ruta hacia clara, un camino que parecía casi marcado en el mapa, el mas usado por la gente que osaba adentrarse, pero también era el mas largo, y los seis compañeros no quería perder el tiempo.

Encontraron varias rutas alternativas, aunque ninguna de ellas les satisfizo, algunas veces porque era incluso mas larga que la primera, y otras porque era practicamente imposible cruzar la zona que querían atravesar.

-Y si cruzamos por El Paso Greshall. -Propuso Urzak.- Se que es un poco arriesgado, pero creo que no tenemos otra alternativa.

Los tres drow se miraron unos a otros poco confiados, no les gustaba nada esa ruta, era bien conocido por toda la región la tribu de Hombres de Hielo que dominaban esa zona, unos seres que no veían con muy buenos ojos que foráneos entrasen en su preciado territorio congelado. Esta tribu no daba nunca una bienvenida cálida, atacaban sin preguntar, y sus estrategias de combate eran impresionantes, dado que la eran seres hechos casi al completo de hielo, y se podían camuflar como si fueran rocas congeladas o cualquier cosa similar.

-No tenemos mas remedio, hermana, es el único camino que nos queda. - Espetó Bekita a su hermana Mandragora.

-Tendremos que ir con muchisimo ojo, no quiero caer en una trampa de los Hombre de Hielo. - Respondió Mandragora mientras revisaba su libro de hechizos.- Lastima no tener hechizos de fuero lo suficientemente poderosos.

-No os preocupeis demasiado, tenemos una buena baza a nuestro favor, ¿verdad Murak?. - Comento Urzak dandole una palmada en el hombro.

-Murak romper agua dura, Hombres de Hielo ser agua dura, Murak romper Hombres de Hielo.

-De todas formas no podemos echarnos atrás, sabemos lo que esta en juego, hay que irse cuanto antes. -Comento Waso mientras se levantaba y plegaba el mapa.

A los veinte minutos estaban ya en marcha, dirección a Draken para ultimar su cargamento de pociones y unguentos. Iba a ser un viaje duro, había que preparase bien. Una vez todos listos, se pusieron en camino. Siguieron el camino hasta llegar a lo que parecía un cruce, el camino que venia de la ciudad seguía claramente recto, pero a la izquierda se apreciaba un pequeño camino, que serpenteaba entre arboles congelados y rocas, se dirigía directamente a la ladera de una montaña que se veía completamente blanca por la nieve. El grupo tomo el pequeño sendero, ya que el otro camino les llevaría demasiado tiempo hasta llegar a su primer objetivo, la entrada a la montaña.

Poco a poco se podía apreciar como el terreno estaba cada vez mas desolado, solo había hielo y nieve, no se oía nada mas que el ruido de las botas en la nieve y el silbido del gélido viento que asolaba la zona. Habían dejado atrás el pequeño tramo del serpenteante sendero y ahora iban en linea recta hacia la montaña que tenían enfrente. Mientras seguían andando notaban como sus paso eran cada vez menos firmes, hasta que a Waso le dio por agacharse y quitar la capa de nieve que había. Se podía apreciar claramente como estaban caminando por encima de un lago congelado.- Vamos, aligeremos el paso, no tiene porque romperse, pero no hay que arriesgarse.- Dijo mientras se levantaba y aceleraba el ritmo. Siguió andando hacia adelante, despejando cada pocos metros la nieve con el pie para ver si todavía seguían sobre el lago congelado. A los pocos minutos ya se encontraban de nuevo sobre tierra firme.

Habían avanzado mucho, ya estaban llegando a la ladera de la montaña, llevaban casi todo el día caminando, así que decidieron parar para recuperar algo de fuerza. Buscaron un sitio refugiado del frío viento, una enorme roca que se encontraba a pocos metros de donde estaban. No podían quedarse mucho rato en el mismo sitio, el frío acataría por mermar la condición física de los drow, que no eran muy dados a estas temperaturas, así que se pusieron en marcha de seguida.

Dejaron atrás la roca y se encaminaron directos hacia la montaña, en la cual ya se divisaba la entrada, una abertura de poco mas de dos metros y medio de diámetro, pero que estaba perfectamente tallado en la roca. No tardo mucho hasta que llegaron a la entrada y los tres orcos entraron sin mas, en cambio las dos hermanas drow y el arquero se quedaron justo en la entrada.

-El Paso de Greshall...- Dijo Bekita con una voz casi inaudible y con un tono poco convencido.

-No hay mas remedio, tenemos que cruzar la montaña por aquí.- Contesto Drizzit mientras tensaba la cuerda de su arco para comprobar si estaba preparada.

Con paso firme, los tres drow entraron en la cueva, a pocos metros estaban los tres orcos esperandolos sin ningún rastro de preocupación en sus rostros. Los Hombres de Hielo eran uno de los enemigos mas temidos por los drow, apenas tenían enfrentamientos, ya que los drow habitaban mas adentro de las montañas, pero los pocos enfrentamientos de los que se han tenido noticia, no salieron muy bien parados los elfos oscuros. La visión de los drow en la oscuridad no les sirve de mucho cuando luchan contra criaturas que no desprenden calor alguno, apenas alcanzan a verlos.

-Elfos asustados, ¿temer agua dura? - Dijo de repente Murak que había estado sin decir nada todo el trayecto.

-Creo que no has visto muchos, Murak, deberías tener cuidado con ellos. - Contesto Drizzit mientras veía como Murak daba golpecitos con su martillo contra una gran roca de hielo.

-Dejale, seguro que tiene ganas de divertirse, un viaje tan tranquilo le aburre.- Dijo Waso.

-Deberíamos encender algo de luz, sera mas útil la luz en la lucha contra los Hombres de Hielo. - Propuso Mandragora mientras preparaba un hechizo sobre su propia vara.

En cuanto concluyo el hechizo, un halo de luz ilumino toda la estancia, dejando visible todo lo que se encontraba en ese radio. Siguieron el único camino que había, un camino ancho y alto, con tremendas estalactitas colgando del techo, amenazadoras y brillantes. El camino era recto, pero no se podía apreciar a donde se dirigía, solo se veía oscuridad.


Capitulo 4: Fuerza Bruta

viernes, noviembre 10, 2006

El Reino de los Olvidados ( Capitulo 2, Buscando entre torturas )

Murak y Drizzit se quedaron perplejos. Por fin sabían el paradero, tras años de búsqueda, tras años de investigación y sobre todo de torturar a aquellos que no nos querían revelar la información de su paradero. Humanos y Elfos de la Superficie le tendieron una trampa, El era demasiado poderoso para ellos, le temían y no eran capaces de derrotarle. No sabíamos que le había pasado, pero pronto empezamos a atar los cabos sueltos hasta dar con los responsables del engaño. Acorralados como se encontraban los humanos culpaban a los elfos y viceversa, no sacaron nada en claro, hasta que decidieron usar la tortura para sacar información, costo bastante, sobretodo encontrar a las personas adecuadas. Consiguieron encontrar un humano que fue participe de la mayor parte del engaño, al principio no decía nada, hablaba de honor y de lealtad, y que El recibía lo que se merecía, que luchaba por unos principios y que nunca revelaría la información que tan ansiosamente buscaban los compañeros. Pero como humanos que era, no podía resistirse a la hechizos de control mental que poseen los elfos drow, capaces de torturar la mete hasta retorcerla sin necesidad de tocar un solo pelo de la víctima. Con la cara contraída por el dolor que su mente le hacia creer que sufría y por las infinitas pesadillas y horrores que le hicieron ver, al final acabo delatando a sus aliados, los Elfos.

Los elfos eran seres mágicos, al igual que sus parientes lejanos los drow, pero no era un problema. El elfo desistían los ataques mentales de tortura que le intentaban inducir los drow. Tras varios días intentando penetrar en su mente sin resultados, le llego el turno a los dos orcos, Waso y Urzak, ya que no se podía sacar información de una forma, había que intentarlo de la otra, mas arriesgada, porque bien era conocido que los orcos eran un tanto impulsivos y no querían perder a su víctima, por la información tan valiosa que poseía. Para no arriesgarse, pretendían asustar al elfo intimidandole y gritandole, pero como era de esperar, decía lo mismo que el humano, - No traicionarare a mi gente y menos por El, espero que los rumores de su muerte sean ciertos- Decia el elfo, el pobre elfo, porque solo hizo que incrementar la rabia interna de sus captores, los cuales comenzaron a "jugar" con el. La fuerza descomunal de estas criaturas verdes ayudo mucho en la tarea, partían husos con una facilidad que aterraba al que presenciaba la escena. - Seras fuerte mentalmente, elfo, pero el dolor es la mejor llave para entrar a tu cabeza- Espeto Urzak mientras le rompía el antebrazo.

Tras horas de tortura consiguieron la deseada información que estuvieron buscando durante 4 largos años. La trampa le había guiado a lo mas interior de las montañas del norte, las que rodeaban Draken. Unas montañas que estaban habitadas por los seres mas extraños y peligrosos que se puedan imaginar, pero eso no fue lo que preocupaba al grupo, El estaba por encima de todos, excepto de uno. Las leyendas cuentan que en lo mas profundo de las montañas, mas profundo que cualquier mina de enanos, que cualquier ciudad drow, habita un espectro, un espectro que surgió del inframundo, de otro mundo, de otra existencia, con el solo deseo de matar a todo lo que pueda para alimentarse de las almas de los caídos. Se dice que consiguieron mantenerlo encerrado en lo mas profundo de las montañas con puertas mágicas y hechizos de contención.

Según los elfos, el espectro era el único que podría acabar con El. Tras muchos planes rechazados e ideas sin fundamentos, llegaron a una que suponían no podría fallar. No era fácil engañarle a El, pero si a otras personas que lo llevaran hacia el espectro. Los elfos y los humanos sabían que sus pupilos ansiaban llegar a ser como El, codiciaban ser poderosos y harían muchas cosas para llegar a serlo. Les hicieron creer que existía un objeto mágico escondido en lo mas profundo de las montañas que les daría la fuerza y los conocimientos que tanto ansiaban, pero que era peligroso llegar hasta el, ya que se trataba de uno de los relicarios dispuestos para mantener cerradas las puertas que contenían al espectro. Fue el cebo perfecto, una vez ellos se encaminaron hacia las entrañas de la montaña, le hicieron saber a El que es lo que sucedía y fue tras ellos, cuando llego, ya era tarde, el espectro estaba liberado y dio comienzo La Gran Batalla.

No se sabe mas de lo que sucedió en aquel lugar, solo se suponen cosas de los informadores que osan acercarse, pero que no se atreven a adentrarse mas por miedo a morir.


Capitulo 3: Camino al Paso de Greshall

El Reino de los Olvidados (Capitulo 1 El encuentro)

-¡Murak por aquí! Deja a ese, ya esta muerto. -Insistió Drizzit.

-Murak solo jugar, Murak divertirse.

-Tranquilo mi amigo orco, algo me dice que tendras tiempo para divertirte. Vamos, nos esperan.

El drow y el orco siguieron el camino por los Paramos Sombríos dirección a Draken.
Llevaban dos semanas de viaje para reunirse con sus compañeros, había que averiguar que era tan importante como para que requiriesen su presencia en Draken la ciudad mas al Norte de estas tierras. Hace dos meses recibieron la visita de un mensajero, mientras estaban entrenando. Solo les dijo que en dos meses deberían de reunirse con Waso en Draken, era extremadamente importante.
El camino no era muy peligroso, teniendo en cuenta el poder que atesoraban ambos guerreros, solo era largo y pesado.

Al día siguiente salieron de los Paramos Sombríos, a un día de marcha de Draken. Todas estas tierras estaban completamente congeladas, no se veía nada mas que hielo y nieve. Era increíble como los Paramos no se congelaban, algo debía de mantenerlo en ese estado. Un frío viento saco del letargo al drow que estaba ensimismado en sus pensamientos mirando en dirección a las luces que se veían en la lejanía. Se giro para observar que hacia su compañero de aventuras, el orco no hacia otra cosa que probar la resistencia del hielo de un pequeño riachuelo con su martillo, inevitablemente el orco se undio en el agua. Murak salio del río como si nada, cualquier otro ser habría quedado congelado al salir del agua por el frío que hacia, pero el orco lo único que notaba era como la escarcha cubría su piel dura como la roca.

-Deja de hacer el tonto y vamos, estamos cerca.

-Murak aburrirse, Murak romper agua dura.

El drow se echo las manos a la cabeza y soltó un suspiro. Acto seguido se pusieron en marcha, al anochecer del siguiente día estarían con sus compañeros.

La ciudad de Draken era una de las ciudades mas extrañas que existían, por sus calles podían verse todo tipo de mercenarios, de distintas razas, aunque todos tenían algo en común, todos eran caza recompensas o buscadores de tesoros. Las tierras del Norte eran conocidas por sus leyendas de tesoros de los dragones de hielo que habitaban en las montañas. Aunque nadie había podido probar la veracidad de las leyendas, todos querían ir a buscarlos. La Roca de Hielo, como se llamaba la taberna mas conocida de la ciudad era un caos de gritos pisadas y golpes, pero era el sitio mas sencillo de encontrar. Era el lugar de reunión que les comunico el mensajero.

Entraron a la taberna y vieron, sin mucha dificultad, a Waso, sentado con su lanza en la espalda y el hacha en el cinturón, a su lado, igual de grande y robusto se encontraba Urzak, con su espada casi mas grande que el. Sentadas al otro lado de la mesa estaban las inseparables hermanas drow, temidas por todo el reino, Mandragora y Bekita, una hechicera de mas alto rango y una danzante. Nadie se acercaba a molestar al grupo, eran bien conocidos por su poderío y nadie osaba hacerles frente. Murak se acerco sin mirar que o quien tenia delante, arrollando a un par de enanos que se encontraban por su camino. Se acerco a Waso y le dio una palmada en la espalda que hizo derramarse casi toda la cerveza que este estaba a punto de consumir.

-Hola Murak.- Dijo Waso mientras se bebía lo poco que quedaba en su jarra.

-Murak tener sed, Murak querer cerveza.

-Este no cambia, tan bruto como siempre.- Dijo Mandragora, mientras le daba con la Vara en la cabeza al orco.

Entre carcajadas se acomodaron los 2 compañeros recién llegados. Despues de un par de rondas de cerveza, Waso se irguió y le con un movimiento de cabeza indico que le siguieran. Salieron los seis compañeros de La Roca de Hielo y se encaminaron, siguiendo a Waso por toda la ciudad. La gente que se cruzaba con el grupo, se apartaba de un salto hacia cualquier lado que tuvieran libre, nadie quería tener un enfrentamiento con semejante poder de destrucción. Cruzaron toda la ciudad hasta las afueras, siguieron durante un par de minutos un pequeño camino que se adentraba en los campos dirección a una pequeña caseta que se divisaba unos pocos centenares de metros. No se oía nada, solo el soplar de el gélido viento procedente de las montañas que rodeaban toda aquella región. Entraron en la cabaña, oscura como la noche, ya que no tenia ventana alguna, y la puerta tras ellos se cerro por si sola, algo que no sorprendió a ninguno de los compañeros, ya que bien era conocida la magia de Mandragora, la cual es ese instante estaba recitando una letina en voz casi inaudible para los tres orcos, pero que sus camaradas drows podían oír sin problemas, dado que la agudeza del oído de los elfos oscuros estaba mas desarrollado que el de sus amigos verdes. En cuanto pronuncio las ultimas palabras, la estancia se ilumino al completo, una luz que parecía provenir de las propias paredes.

Una vez adaptados los ojos a la luz, se sentaron los seis en el suelo, ya que no había nada en esa casa, formando un circulo; Waso extrajo un algo de la mochila, era un pergamino enrollado, el cual comenzo a extender sobre el frió suelo de la cabaña. En cuanto quedo completamente desenrollado, se podía ver claramente que era un mapa de la zona donde se encontraban, pero no era un mapa normal, en el cual se ve la zona pintada sobre el pergamino, era un mapa mágico creado por los chamanes orcos de mas alto rango, contenía los conocimientos de todos los mapas que poseían los orcos hasta el momento. El mapa poseía las propiedades magias de indicar en que zona actual se encontraba el poseedor de dicho artefacto mágico y a su vez mostrar una imagen de la zona donde se encontraban, variando dependiendo de donde estuvieran. Se podía ver claramente la ciudad de Draken, y todas las montañas que habían alrededor, ademas de dos pequeñas llamas, una azul y otra roja.

-Supongo que la llama roja indica nuestra posición,- Comento Drizzit al observar que dicha llama se encontraba justo en el lugar del mapa donde estaban ellos. - ¿y la llama azul?

-Pregunto de nuevo el elfo.-

-Todavia no he comenzado a hablar y ya me estas agobiando.- Dijo Waso con su voz ronca y grave.- Algunos ya sabéis porque estamos aquí, vosotros dos no.- Refiriéndose a Murak y Drizzit.

-Pues sueltalo de una vez grandullón

-Le hemos encontrado. - Contesto Bekita adelantandose a Waso.


Capitulo 2: Buscando entre torturas